martes, 21 de junio de 2011

A VECES SE GANA PERDIENDO…

No voy a escribir hoy sobre una dieta especial para perder peso. Es conocido el dicho de que perdiendo peso se gana salud, agilidad, mejor apariencia, mas seguridad... Hace muchos años Jesús usó palabras parecidas, pero en referencia a la calidad y al valor de la vida. Habló de la felicidad, de cómo ganar la vida a base de perderla. "Quien quiere salvar su vida la perderá. Quien pierde su vida por mí la encontrara. De nada le sirve al hombre ser dueño del mundo si arruina su vida. Y " ¿que podrá dar el hombre a cambio de su vida?" (Mateo 16,25-26). ¿Te chocan estas palabras? ¿No las entiendes? ¿Te parecen imposibles de cumplir? Quiero aclarar que Jesús de ninguna manera se refiere a esa actitud que tienen algunos de despreciar o de odiar su vida. Es todo lo contrario. Tenía que ser así, pues Jesús viene a darnos vida, precisamente porque El mismo es vida.
Podemos concentrarnos con tanta intensidad, tanto egoísmo y tanta obsesión en cuidar y guardar la vida, que nos vamos olvidando del verdadero sentido que supone vivir. La vida esencialmente es don y es regalo. La vida se nos da y solo se merece y conquista dándola. Se corre el peligro de querer guardarla tanto que terminamos por no dar nada: ni tiempo, ni dinero, ni presencia, ni esfuerzo, ni sacrificio, ni sonrisas, ni riesgos, ni ilusiones. Si solo quiero conservar esa vida para mí solo, la iré perdiendo; me quedaré vacío; nadaré en la mediocridad de la tonta abundancia y morderé el polvo de mi propia soledad.
Hace unos años dos monjes, uno cristiano y otro budista caminaban por las montañas del Himalaya hacia un monasterio que aún les quedaba lejos. Era pleno invierno. Caía la tarde y una tormenta de nieve les envolvía amenazándoles con congelarles. De pronto oyen el grito de un hombre caído abajo, entre las malezas de un precipicio. Estaba pidiendo ayuda. El monje cristiano quiere bajar y echarle una mano. El budista razona diciendo que la noche ya se echa encima, que la nieve no cesa, que el esfuerzo será en vano y puede que los tres pierdan la vida. Por otro lado piensa que Dios ya decidió el destino del caído.
El monje budista siguió su camino solo y el cristiano bajó hasta donde estaba el hombre que además de herido se estaba congelando. Le envolvió en su manta; le cargo atándolo a sus espaldas y emprendió la subida. El peso del herido le hacía sudar. Encontró el camino y emprendió la marcha. Después de varias horas diviso las luces del monasterio. Ya quedaba poco para llegar. Se llenó de alegría, que le duró muy poco. Tropezó con algo oculto entre la nieve , lo desenterró y aterrorizado vio que era el cuerpo helado y muerto del monje budista, que quiso salvar su vida y cayó congelado por la nieve y el egoísmo. No cargo con un peso que le habría hecho sudar. El monje cristiano, perdiendo, o mejor, dando su amor, su tiempo y su energía, salvó dos vidas.
Pasaron unos años y alguien le preguntó un día a este misionero ¿Cuál es la tarea más difícil en la vida? El contestó " lo más difícil para mí es no tener ninguna carga que llevar". Ningún dolor que soportar, ningún problema que afrontar, ninguna cruz que cargar, ninguna persona a quien escuchar, ayudar y amar, ningún defecto que superar. Por más que he buscado no he encontrado otra explicación más clara y desafiante a las palabras de Jesús: Quien entrega su vida, la salva. Quien la guarda demasiado, la pierde. Pero solo el amor por Cristo que dio su vida por mí, me puede motivar a vivir su Palabra.


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