martes, 21 de junio de 2011

EL GRAN GARRID

Una vez ante un médico famoso, llegose un hombre de mirar sombrío: -Sufro -le dijo- un mal tan espantoso como esta palidez del rostro mío.
Nada me causa encanto ni atractivo; no me importan mi nombre ni mi suerte; en un eterno mal humor muriendo vivo, y es mi única pasión la de la muerte.
-Viajad y os distraeréis. -Tanto he viajado -Las lecturas buscad -Tanto he leído- Que os ame una mujer - ¡Si soy amado! -Un título adquirid -Noble he nacido.
¿Pobre seréis quizás? -Tengo riquezas - ¿De lisonjas gustáis? - ¡Tantas escucho!
-¿Que tenéis de familia?...-Mis tristezas -¿Vais a los cementerios?... -Mucho, mucho.
¿De vuestra vida actual tenéis testigos? - Sí, mas no dejo que me impongan yugos;
yo les llamo a los muertos mis amigos; y les llamo a los vivos mis verdugos.
-Me deja- agrega el médico –perplejo vuestro mal, y no debo acobardaros;
Tomad hoy por receta este consejo: sólo viendo a Garrid podéis curaros.
-¿A Garrid? -Sí, a Garrid...La más remisa y austera sociedad lo busca ansiosa;
todo aquel que lo ve muere de risa; ¡tiene una gracia artística asombrosa!
-¿Y a mí me hará reír? -¡Ah, sí, os lo juro!; él, sí, nada más él... ¿Más qué os inquieta?...
-Así -dijo el enfermo -no me curo: ¡Yo soy Garrid! Cambiadme la receta.
¡Cuantos hay que, cansados de la vida, enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reír como el autor suicida sin encontrar para su mal remedio!
¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!.. ¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora el alma llora cuando el rostro ríe!
Si se muere la fe, si huye la calma, si sólo abrojos nuestras plantas pisa
lanza a la faz la tempestad del alma un relámpago triste: la sonrisa.
El carnaval del mundo engaña tanto; que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto y también a llorar con carcajadas.

 

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